La Unidad de Neurodesarrollo, dirigida por la Dra. Anna Sans Fitó, está formada por un equipo multidisciplinar de especialistas que da respuesta personalizada a niños y jóvenes con trastornos que afectan el aprendizaje escolar y la conducta adaptativa, a nivel de diagnóstico, tratamiento y asesoramiento escolar y familiar.

Los trastornos del neurodesarrollo repercuten en la calidad de vida de las personas a lo largo de los años. Interfieren de manera significativa en el progreso escolar y adaptativo social en el sentido más amplio. Pueden afectar a cualquier esfera de funcionamiento del individuo, entre otros la cognitiva y la de regulación del comportamiento y conducta.

Cada individuo tiene un perfil único de habilidades y dishabilidades que depende del funcionamiento cerebral, condicionado por factores genéticos y ambientales. Cuando la falta de habilidad afecta a funciones relacionadas con el aprendizaje y la conducta adaptativa, repercute en la progresión escolar y el crecimiento personal. Sin una orientación adecuada, el sufrimiento personal y familiar es muy significativo.

Entre los trastornos que afectan el aprendizaje escolar y la conducta adaptativa social se encuentran:

  • Dislexia
  • Trastornos del lenguaje (TEL)
  • TDAH y Trastornos de la atención
  • Discalculia
  • Trastornos del comportamiento y de la conducta
  • Trastorno de la esfera afectiva (ansiedad y depresión)
  • Trastornos del espectro del autismo (TEA)
  • Discapacidad Intelectual
  • Trastornos de la coordinación motriz (dispraxias o TDC)
  • Tiempo cognitivo lento (TCL)
  • Trastornos de las funciones cognitivas secundarias a daño cerebral

Todos los trastornos mencionados condicionan una falta de habilidad para uno o unos determinados aprendizajes.

Durante la infancia el cerebro experimenta toda una serie de procesos madurativos y el aprendizaje es un estímulo para el desarrollo de conexiones cerebrales. Esta capacidad que tiene el cerebro de crear nuevas conexiones es mayor cuando más pequeño es el niño, y por tanto, a menor edad, más posibilidad hay de influir, estimular y mejorar estas redes neuronales.

Cualquier desviación en el aprendizaje respecto al grupo de edad, merece de una atención específica, incluso cuando todavía es demasiado pronto para hacer un diagnóstico definitivo. La ayuda que reciba el niño en la escuela y en casa, bien orientada, es una pieza clave para el progreso y para la autoestima del niño. El diagnóstico definitivo no es urgente, pero sí lo es hacer una valoración que permita poner en marcha las medidas educativas específicas.

Ningún niño elige tener malos resultados y, en condiciones normales, con un esfuerzo adecuado a la edad el progreso de los aprendizajes debe mantenerse dentro de los límites de la normalidad.

Si el rendimiento académico del niño está por debajo del nivel esperado, se debe hacer una valoración para delimitar bien las dificultades y así poner en marcha, lo antes posible, las ayudas específicas. Las medidas psicoeducativas deben estar avaladas a nivel científico. No hay urgencia diagnóstica pero la espera debe ser proactiva.