Depresión en la adolescencia: cómo identificar las señales y cuándo buscar ayuda

La adolescencia es una etapa marcada por cambios profundos a nivel emocional, social y cognitivo. La construcción de la identidad, las exigencias académicas, la influencia del entorno y el propio desarrollo neurológico configuran un periodo de especial sensibilidad. En este contexto, no siempre resulta sencillo diferenciar entre los altibajos propios de la edad y las señales que pueden indicar un problema de salud mental.
En las últimas décadas, la depresión en adolescentes se ha convertido en un reto sanitario de primer orden. En España, según datos del Consejo General de la Psicología, el número de hospitalizaciones por depresión en población adolescente ha aumentado un 1.217 % en los últimos veinte años, alcanzando su máximo en 2021. Tres de cada cuatro ingresos corresponden a chicas adolescentes y más del 70 % se han concentrado en la última década. Una tendencia que ya era ascendente desde 2011 y que se ha intensificado tras la pandemia de COVID-19.
"La depresión en la adolescencia no siempre se expresa con tristeza evidente. A menudo se manifiesta a través de irritabilidad, apatía o cambios de comportamiento, lo que puede dificultar su detección precoz", apunta la Dra. Rocío Rosés, jefa de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
Una etapa de especial vulnerabilidad emocional
Durante la adolescencia, el cerebro continúa su proceso de maduración, especialmente en las áreas implicadas en la regulación emocional, la toma de decisiones y el control de impulsos. A esta realidad biológica se suman factores externos como la presión académica, la exposición constante a redes sociales, los cambios en las relaciones interpersonales o el aumento de las expectativas personales y familiares.
Los datos más recientes del último estudio HBSC (Health Behaviour in School-aged Children), auspiciado por la Organización Mundial de la Salud y coordinado en España por el Ministerio de Sanidad, confirman que el malestar emocional en adolescentes va en aumento. Se observa un incremento significativo del malestar psicosomático entre adolescentes, que ha pasado del 27,8% en 2018 al 38,5% actual. Estos indicadores refuerzan la necesidad de prestar atención temprana a los cambios emocionales y conductuales, especialmente desde el entorno familiar.
"No todos los cambios emocionales forman parte del desarrollo normal. Cuando el malestar es persistente y condiciona el día a día, por eso conviene valorarlo con rigor clínico y sin minimizarlo", señala la Dra. Rosés.
Señales de alerta que no conviene ignorar
La depresión en adolescentes puede manifestarse de forma distinta a la de los adultos. En muchos casos, los síntomas aparecen de manera progresiva y se expresan más a través de la conducta que del lenguaje emocional explícito.
Entre las señales que deben alertar a familias y docentes se incluyen:
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Aislamiento social progresivo o pérdida de interés por actividades que antes resultaban motivadoras.
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Irritabilidad persistente, apatía o cambios bruscos del estado de ánimo.
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Descenso del rendimiento académico, dificultades de concentración o absentismo escolar.
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Alteraciones mantenidas del sueño o del apetito.
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Quejas físicas frecuentes sin causa médica clara, como cefaleas, molestias abdominales o cansancio constante.
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Incremento de la impulsividad, conductas de riesgo o consumo de sustancias.
"Familia y escuela son entornos clave para detectar estos cambios de forma temprana. Cuando varias señales coinciden y se mantienen en el tiempo, es fundamental no normalizarlas y consultar con un profesional", subraya la especialista.
Cómo abordar la conversación en el entorno familiar
Hablar de salud mental con un adolescente no siempre es sencillo. El temor a invadir su intimidad o provocar rechazo puede llevar a posponer conversaciones necesarias. Sin embargo, el abordaje más eficaz se basa en generar un espacio de confianza, escucha y respeto.
Es recomendable elegir un momento tranquilo, evitar juicios o reproches y centrar la conversación en cómo se siente el adolescente, más que en su comportamiento concreto. Validar sus emociones y transmitir que pedir ayuda forma parte del autocuidado facilita que se sienta acompañado.
"El objetivo no es forzar respuestas inmediatas, sino abrir una puerta al diálogo y transmitir disponibilidad y apoyo continuado", sostiene la Dra. Rosés.
Atención profesional precoz y seguimiento
Cuando los síntomas persisten o interfieren de forma clara en la vida cotidiana del adolescente, la valoración por parte de un profesional de la salud mental es fundamental. Una evaluación especializada permite diferenciar entre reacciones adaptativas y un trastorno depresivo, y diseñar un plan de intervención ajustado a cada caso.
El tratamiento de la depresión en la adolescencia suele ser integral e incluye psicoterapia, acompañamiento familiar y, en situaciones concretas, tratamiento farmacológico cuidadosamente indicado y supervisado. El seguimiento clínico continuado es clave para valorar la evolución y prevenir recaídas.
"La detección precoz y el acompañamiento adecuado pueden marcar una diferencia decisiva en el bienestar emocional presente y futuro del adolescente", concluye la jefa de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
Acompañar para proteger la salud mental
Reconocer a tiempo los signos de depresión en la adolescencia permite intervenir con mayor eficacia y serenidad. La implicación de la familia, la coordinación con el entorno educativo y el acceso a atención especializada son pilares fundamentales del cuidado emocional en esta etapa.
"Abordar la salud mental desde la prevención y el acompañamiento contribuye a que los adolescentes desarrollen recursos para gestionar sus emociones, fortalecer su autoestima y afrontar los retos propios de su crecimiento con mayor seguridad y calidad de vida", afirma la Dra. Rocío Rosés.
























