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Durante las vacaciones es habitual que los horarios, las rutinas y la forma de comer cambien. Las altas temperaturas suelen hacer que apetezcan comidas más ligeras y con mayor contenido en agua.

A ello se suma un contexto en el que los viajes, las comidas fuera de casa y una mayor flexibilidad en el día a día pueden modificar el apetito y alterar los hábitos habituales. El picoteo entre horas, un consumo más frecuente de helados, bebidas azucaradas o alcohol, y una mayor presencia de comidas en terrazas, restaurantes o planes sociales, cobran protagonismo.

Por ello, adaptar la alimentación a esta época del año sin renunciar al equilibrio ayuda a mantener una buena salud, disfrutar de las vacaciones y evitar excesos innecesarios.


¿Por qué cambia nuestra forma de comer en verano?

"En verano los horarios se flexibilizan, se improvisan más comidas y se reducen algunas rutinas que durante el resto del año ayudan a ordenar la alimentación. Tener esto en cuenta permite ajustar los hábitos sin convertir las vacaciones en una fuente de culpa ni de descontrol", explica la Dra. Victoria Andreu, jefa de Servicio del área de Aparato Digestivo del Hospital Universitari Sagrat Cor.

Las altas temperaturas pueden reducir el apetito y hacer que el organismo tolere mejor preparaciones frescas, ligeras y fáciles de digerir. Además, al realizar comidas principales menos contundentes, es posible que aparezca hambre pocas horas después, lo que puede favorecer el picoteo si no se planifican bien las opciones.

También es frecuente confundir la sensación de hambre con la sed. Por eso, antes de recurrir a un snack, conviene valorar si el cuerpo necesita realmente alimento o si puede estar pidiendo hidratación, especialmente en días de mucho calor o tras actividad física.


Claves para una alimentación saludable en verano

Para mantener una alimentación equilibrada durante el verano sin complicaciones, puede ayudar seguir algunas pautas sencillas:

  • Mantener horarios de comida lo más regulares posible.

  • Priorizar frutas y verduras de temporada.

  • Elegir proteínas magras y platos frescos.

  • Una buena hidratación, limitando bebidas azucaradas y alcohol.

  • Planificar los tentempiés para evitar el picoteo impulsivo.

Se recomienda priorizar alimentos frescos, ligeros y con buen aporte de agua. Entre ellos destacan frutas de temporada como la sandía, el melón o el melocotón; verduras y ensaladas; preparaciones como gazpacho o salmorejo; legumbres en ensalada; pescado como fuente de proteína; yogur natural y frutos secos, siempre en cantidades moderadas.

"Una alimentación saludable en verano no exige hacer grandes restricciones, sino elegir mejor dentro de lo que ofrece la temporada. Un plato fresco puede ser completo si combina vegetales, una fuente de proteína y una ración adecuada de hidratos de carbono o grasas saludables", apunta la especialista.

En la mayoría de los casos, pequeños ajustes en los hábitos son suficientes para mantener una alimentación saludable durante el verano.

Sin embargo, como señala la Dra. Andreu, "si los cambios en el apetito o en el peso se mantienen más allá de una situación puntual, no conviene atribuirlos solo al calor o a las vacaciones. Una valoración profesional permite revisar el contexto, descartar problemas asociados y adaptar la alimentación a las necesidades reales de cada persona".