
En 2026, el cáncer de mama será el segundo tumor más diagnosticado en España, con una estimación de más de 38.000 nuevos casos, solo por detrás del cáncer de colon y recto, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).
Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, que se conmemora el 19 de octubre, cobra especial importancia recordar el papel de la detección precoz en su diagnóstico y tratamiento.
"Una de las particularidades del cáncer de mama es que puede desarrollarse sin provocar molestias durante sus primeras fases. Por eso, encontrarse bien o no notar ningún bulto no significa que podamos prescindir de los controles recomendados", explica el Dr. Miguel Ángel Jiménez Ortuño, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitari Sagrat Cor.
¿Qué cambios en la mama conviene vigilar?
La detección precoz permite identificar lesiones que todavía no han provocado síntomas y, en algunos casos, diagnosticarlas antes de que la enfermedad alcance fases más avanzadas.
Para ello, es fundamental combinar la participación en los programas de cribado con la atención a posibles cambios en las mamas como, por ejemplo:
- Un nódulo o endurecimiento nuevo en la mama o la axila.
- Cambios recientes en el tamaño o la forma de una mama.
- Hundimiento del pezón de nueva aparición.
- Alteraciones en la piel, como retracciones, engrosamiento o enrojecimiento persistente.
- Secreción espontánea por el pezón, especialmente si contiene sangre.
Estos cambios, son comunes en otras alteraciones mamarias que tienen causas benignas. Sin embargo, es importante consultar cuando aparecen, sin esperar a la siguiente revisión programada.
El cribado, también cuando no hay síntomas
La mamografía es la principal prueba utilizada en los programas de cribado de cáncer de mama, ya que permite identificar alteraciones que todavía no son palpables. Su objetivo es detectar posibles lesiones en mujeres que no presentan síntomas, antes de que puedan manifestarse clínicamente.
En España, el cribado poblacional se dirige tradicionalmente a mujeres de entre 45 a 74 años. Además, los antecedentes personales y familiares y otros factores de riesgo pueden hacer recomendable un seguimiento individualizado.
Es importante recordar que el cribado no sustituye la valoración médica ante un cambio sospechoso. En estos casos, pueden ser necesarias pruebas complementarias, como una ecografía o una biopsia, para determinar la naturaleza de la alteración, independientemente de cuándo se haya realizado la última mamografía.
Un tratamiento adaptado a cada mujer
Una vez confirmado el diagnóstico, conocer el tamaño, la extensión y las características biológicas del tumor permite valorar las distintas opciones terapéuticas. La elección del tratamiento también tiene en cuenta la situación clínica y las necesidades de cada paciente.
"Hoy sabemos que no todos los cánceres de mama se comportan de la misma manera. El análisis de determinados marcadores del tumor nos ayuda a identificar qué pacientes pueden beneficiarse de tratamientos hormonales, terapias dirigidas u otras opciones", señala el Dr. Jiménez. "Es importante que cada mujer comprenda las características de su enfermedad, conozca las opciones disponibles y pueda participar en las decisiones sobre su tratamiento", concluye.






















